personificación romana de la eternidad
Aeternitas
Aeternitas era la personificación divina de la eternidad en la religión romana. Su culto se asoció sobre todo al emperador divinizado y a la idea de un dominio sin fin.
El mito
Los textos antiguos apenas la presentan como protagonista de relatos, así que su figura se conoce sobre todo por la iconografía. Marciano Capela la sitúa entre las hijas de Júpiter más honradas y menciona su diadema, de forma circular, que representa la eternidad.
En las monedas su imagen se fue enriqueciendo. Bajo Vespasiano (75–79 d. C.) sostiene una cabeza del Sol y otra de la Luna. En las de Tito (80–81 d. C.) porta una cornucopia, se apoya en un cetro y pisa un globo terráqueo, uniendo eternidad, prosperidad y dominio del mundo. Entre los siglos II y mediados del III, su iconografía incluye también el ave fénix, símbolo del tiempo cíclico, que renacía de las llamas cada 500 años.
Culto y religión
Como otras abstracciones divinas, se honraba con sacrificios y templos tanto en Roma como en las provincias. En Tarraco, en la España romana, hubo un templo de Aeternitas Augusta, que aparece representado en una moneda. Bajo la forma Aeternitas Imperii, los Hermanos Arvales le ofrecieron sacrificios de acción de gracias cuando Nerón sobrevivió a una conspiración y a un intento de asesinato. Su culto formó parte del culto oficial romano desde los julio-claudios hasta los severos.
Legado
Su idea sobrevive en el lenguaje a través de imperium, la palabra latina de la que deriva imperio. Su equivalente masculino, Eón, dios del tiempo ilimitado, las esferas celestes y el zodíaco, pertenece a la misma familia de conceptos. Boccaccio la interpretó como un principio absoluto que contiene todo el tiempo y regula el curso de los astros, y tomó de Claudiano la imagen de un dragón que se muerde la cola para describir el flujo circular del tiempo.
Fuentes antiguas: Marciano Capela, en Las nupcias de Mercurio con Filología, y Claudio Claudiano, en su poema heroico sobre Estilicón.