dios mesopotámico de la Luna
Sin
Sin es el dios de la Luna en la mitología mesopotámica, hijo de Enlil y Ninlil y padre de Inanna y Utu (Shamash). Su culto, centrado en Ur y Harrán, lo convirtió en una de las grandes divinidades de Mesopotamia, y su vínculo con el ciclo lunar explica buena parte de su importancia.
El mito
Según la tradición, Sin, conocido como Nanna o Nannar entre los sumerios, era hijo de Enlil, dios del viento y del cielo, y de Ninlil, diosa del aire. Su nombre varía según la lengua: Nanna procede del sumerio y Sin del acadio, y ambos acabaron fundidos en una sola divinidad ya en época temprana. Se le representaba como un anciano barbado, con cuernos y montado en un toro alado, y su símbolo principal era el creciente lunar.
Un importante texto sumerio, «Enlil y Ninlil», narra cómo Ninlil, embarazada de Nanna, desciende al inframundo siguiendo a Enlil. Allí se producen tres «sustituciones» que permiten el ascenso del dios. El relato guarda semejanzas con «El descenso de Inanna».
Con su esposa Ningal tuvo a Inanna, diosa de la vida y del amor, y a Utu, dios del sol. Juntos formaron una tríada de divinidades astrales: la Luna, Venus y el Sol. Sin regía el paso de los meses y se le atribuía el control de las mareas y de los procesos cíclicos ligados a la Luna. Algunas fuentes lo consideran también padre de Ereshkigal, señora del inframundo.
Durante el periodo de Ur (c. 2600-2400 a. C.) fue considerado el dios supremo del panteón, y se le llamó «padre de los dioses» y «creador de todas las cosas». Su sabiduría se asociaba con la observación de las fases lunares, base de la astronomía y la astrología.
Culto y religión
Sus principales centros de culto fueron el templo E-kishnugal de Ur, llamado E-gish-shir-gal («casa de la gran luz»), y el santuario E-jul-jul de Harrán, «casa de la alegría». En Ur, la sacerdotisa en ocupaba un cargo de enorme prestigio, que ejercían princesas como Enheduanna, hija del rey Sargón de Akkad. Hammurabi levantó en 1789 a. C. un trono para su culto. Sus templos se extendieron por Babilonia, Asiria, Tutub, Uruk, Nippur y Assur. La influencia de sus creencias en la comunidad harranita de los sabeos, posterior a la conquista musulmana, es discutida.
Legado
Su nombre se conserva en la Biblia hebrea en nombres propios como Senaquerib y Sanbalat, transcritos con la forma san. En la escritura cuneiforme, su nombre se escribía con el signo numérico 30, que alude a los días del mes lunar, un vínculo que explica su papel en el cómputo del tiempo.
Fuentes antiguas: Textos sumerios como «Enlil y Ninlil» y «El descenso de Inanna», y las inscripciones de Gudea, en las que el dios aparece como una divinidad cuyo nombre nadie sabe explicar.
En el arte



