primera edad del hombre en la mitología griega
Edad de oro
La edad de oro es la primera de las edades del ser humano en la mitología griega, una era de paz, abundancia y armonía en la que los hombres vivían sin trabajo ni sufrimiento. La idea, recogida por Hesíodo, se convirtió en uno de los temas más duraderos de la literatura y el pensamiento de Occidente.
El mito
Hesíodo, en Trabajos y días, la describe como la primera de cinco edades, seguida por la de plata, la de bronce, la de los héroes y la de hierro. Los hombres de la raza de oro vivían como dioses, sin preocupaciones ni fatigas, y la tierra les daba frutos en abundancia sin necesidad de cultivarla. Cuando morían, lo hacían como si se durmieran, y sus espíritus seguían protegiendo a los vivos como guardianes.
Según la versión de Hesíodo, la edad terminó cuando Prometeo entregó a la humanidad el fuego y las artes. Zeus castigó a Prometeo y envió a Pandora, cuya caja liberó todos los males. En la tradición latina, la edad de oro correspondía al reinado de Saturno, que Júpiter derrocó para dar paso a la edad de plata. Ovidio redujo las edades a cuatro: oro, plata, bronce y hierro.
En la tradición, la justicia abandonó la tierra en la edad de bronce. La diosa Astrea huyó al cielo y apareció como la constelación de Virgo, con la balanza de la justicia. Virgilio, en su cuarta Égloga, anunció el regreso de una nueva edad dorada de paz y justicia.
Legado
Ovidio recogió el mito en sus Metamorfosis, y Virgilio lo evocó en las Geórgicas. La tradición pastoril europea situó a sus pastores y ninfas en Arcadia, una región de Grecia asociada a la edad de oro y al dios Pan. En el Renacimiento, la pintura se apropió del tema, usando sobre todo el símbolo del laurel. Jean-Jacques Rousseau retomó la idea de un estado de naturaleza virtuoso para criticar la civilización. Hoy la expresión sirve de título a una novela de Gore Vidal y a una película de Luis Buñuel.
Fuentes antiguas: Hesíodo, Trabajos y días (vv. 109 y ss.); Platón, Cratilo; Ovidio, Metamorfosis; Virgilio, Geórgicas y Égloga IV.
En el arte
